Hay viajes en moto que son rápidos, eficientes, meramente funcionales.
Y luego está esta ruta entre Agrigento y Palermo, diseñada para perderse por la Sicilia más auténtica, la que vive lejos del mar y más cerca de sus raíces. Carreteras solitarias, sierras onduladas, pueblos encaramados a colinas… y nombres que evocan cine, historia y mitología mafiosa.
Una jornada para saborearla sin prisas.
Salimos de Agrigento temprano, aprovechando que la temperatura aún es amable. La carretera hacia Grotte es sencilla, buena para calentar manos, ritmo y cabeza.
Grotte es el primer aviso de que estás entrando en la Sicilia rural: casas bajas, calles tranquilas, cafés donde la vida no tiene prisa. Perfecto para arrancar el día con calma. Racalmuto, con sus tonos ocre y su paisaje suavemente ondulado, ya tiene ese aire escénico que uno asocia a las películas italianas. Aquí empiezasa sentirte dentro de una postal siciliana. Bompensiere es pequeño y pasa en un suspiro, pero su nombre recuerda al del personaje de Los Soprano.
Tramo ideal para rodar relajado. No hay tráfico, no hay tensión. Solo carretera y horizonte.
Aquí llega el primer gran tramo motero del día. Carretera con curvas fluidas, ritmo divertido y vistas amplias. A medida que te acercas a Mussomeli, el paisaje se vuelve más montañoso y elcastillo medieval que corona la colina aparece vigilante desde lejos. Mussomeli merece una parada: agua, fotos y respiro. Este es uno de esos pueblos que se sienten intensos, de verdad.
A partir de aquí la ruta se vuelve más verde. Las montañas empiezan a envolver la carretera y, sin darte cuenta, te encuentras rodando en lo que parece un escenario de cine. Y no es casualidad: Palazzo Adriano es donde se rodó Cinema Paradiso.
Su plaza central, con piedra gastada y bancos al sol, es uno de los sitios más bonitos del día. Perfecto para una parada larga, café incluido.
Penúltimo tramo antes de llegar a Palermo, pero quizá el más icónico.
La SP118 es una delicia: curvas amplias, asfalto razonable y campos abiertos que acompañan el paso.
Subimos de altitud y la carretera serpentea hasta que Prizzi se dibuja en lo alto, como un nido de casas pegado a la roca. Su nombre inspiró Prizzi’s Honor, y aunque la película no tenga relación con el pueblo, la imagen encaja: es un lugar con carácter, fuerte, orgulloso, perfecto para fotografiar desde la distancia. Aquí la moto se disfruta despacio, enlazando curvas y vistas panorámicas. Subida a la Croce d’Arpe recomendada.
Y al final, Corleone. Un nombre que pesa más por el cine que por otra cosa. Ni tiendas de El Padrino ni espectáculo hollywoodense: Corleone es un pueblo real, silencioso, con ropa tendida en balcones y un ritmo cotidiano que nada tiene que ver con Hollywood. Y quizá por eso, la foto junto al cartel es aún más especial.
La carretera se abre, el paisaje se vuelve más suave y la entrada hacia Palermo se siente como llegar a otro mundo: ruido, vida, caos organizado, motos por todas partes. Después de una jornada en la Sicilia más rural, la ciudad te recibe con un contraste brutal y maravilloso.
Fin de ruta. Pero no de viaje.
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